Treinta años de deuda pública coreana — la escalera de las crisis

La crisis asiática de 1997, la crisis financiera mundial de 2008, la pandemia de 2020: en cada crisis la deuda pública de Corea subió un peldaño, y en los años de calma posteriores el ratio nunca volvió a bajar. Una lectura de tres décadas con la forma de una escalera.

KOREA · 5 min · Actualizado 2026-07-17

1997 — el primer peldaño, levantado con fondos públicos de rescate

En vísperas de la crisis asiática, las finanzas públicas coreanas parecían ejemplares. Según las estadísticas del Ministerio de Economía y Finanzas, la deuda pública anterior a la crisis se movía en porcentajes de un solo dígito sobre el PIB, y el equilibrio presupuestario se daba por norma. Entonces, a finales de 1997, las reservas de divisas se agotaron, Corea pidió al FMI un paquete de rescate de aproximadamente 58 000 millones de dólares, y la norma se derrumbó de la noche a la mañana. El Estado tuvo que convertirse en el garante de último recurso de todo el sistema financiero.

Los fondos públicos inyectados para liquidar las entidades financieras en quiebra se estiman, en términos acumulados, en torno a los 160 billones de wones, financiados en buena parte mediante la emisión de bonos. En pocos años, el ratio de deuda había subido hasta aproximadamente el doble de su nivel previo a la crisis. El nivel absoluto seguía siendo bajo, pero lo que importaba era la dirección. Por primera vez en la historia fiscal coreana, la deuda entraba en escena como instrumento oficial de respuesta a las crisis.

Aquel primer peldaño se convirtió en el molde de todos los siguientes. Cuando llega la crisis, el Estado se endeuda para sostener el sistema; cuando la crisis pasa, ese endeudamiento se vuelve la nueva línea de salida. Desde entonces, las propuestas serias de regresar a los ratios de un dígito del mundo anterior a 1997 no han vuelto a aparecer, en la práctica, nunca.

2008 — la crisis financiera mundial y el segundo peldaño

Cuando Lehman Brothers cayó en el otoño de 2008, Corea ocupaba una posición muy distinta de la de 1997. Las reservas de divisas eran abundantes y los bancos, más sólidos. Aun así, el desplome de las exportaciones y la caída del won golpearon con dureza la economía real, y el gobierno respondió con rebajas de impuestos y un presupuesto suplementario de unos 28 billones de wones en 2009, el mayor de la historia del país hasta entonces.

Según las cifras del ministerio y del FMI, el ratio de deuda pública pasó en ese periodo de la parte alta de los veinte a la parte baja de los treinta por ciento del PIB. La subida fue más suave que la del primer peldaño, pero el patrón se repitió con exactitud: el ratio saltó durante los años de crisis y, llegada la recuperación, se asentó sobre un suelo nuevo en lugar de descender a donde estaba.

La lección del segundo peldaño es sutil. La respuesta fiscal coreana fue elogiada internacionalmente, y el país fue una de las grandes economías que antes salió de la crisis. Y sin embargo, incluso una respuesta exitosa añadió una capa más a la escalera; y esa capa, una vez puesta, jamás se retiró.

2020 — la pandemia, el tercer peldaño y el más alto

La crisis de 2020 vino de un virus y no de las finanzas, pero la gramática fiscal fue la misma. En un solo año, el gobierno elaboró cuatro presupuestos suplementarios por un total aproximado de 67 billones de wones. Ayudas de emergencia, subsidios para el mantenimiento del empleo, compensaciones a los pequeños comerciantes: se desplegó, paso a paso, un experimento sin precedentes en el que el Estado reponía directamente los ingresos privados.

El precio fue un quiebro visible en la trayectoria. Según las cuentas de liquidación del ministerio, el ratio D1, que en 2019 rondaba la parte alta de los treinta por ciento del PIB, entró en los cuarenta en 2020 y, según los recuentos oficiales, siguió subiendo hacia la parte alta de los cuarenta en los años siguientes. Un ratio que tres décadas antes era de un solo dígito había alcanzado los cuarenta a través de tres crisis. Cada crisis fue distinta; la huella que cada una dejó en el gráfico tuvo la misma forma.

Lo que distingue el peldaño de la pandemia de los dos anteriores es la velocidad y la persistencia. Tras las crisis anteriores, la subida del ratio se detenía y llegaba una meseta una vez pasada la emergencia. Tras la pandemia, el gasto ligado al envejecimiento y la ampliación del Estado del bienestar mantuvieron vivo el impulso ascendente durante más tiempo. De ahí la inquietud, cada vez más extendida, de que la escalera se esté convirtiendo en una rampa.

La física de la escalera — la deuda de crisis no mengua en tiempos de paz

Superponga las tres crisis y emergerá una regla. El ratio de deuda salta en pocos años durante una crisis, pero ninguna bonanza de tiempos de paz lo ha devuelto jamás a su nivel previo. Los economistas lo llaman efecto trinquete: como una rueda de trinquete que solo gira en un sentido, el ratio se endurece allí donde ha subido.

La razón es política, no aritmética. El gasto introducido en una crisis crea beneficiarios e instituciones, y las instituciones se defienden. Los programas temporales de emergencia se vuelven permanentes; un suelo de bienestar, una vez elevado, cuesta mucho rebajarlo. Amortizar la deuda, en cambio, beneficia a las generaciones futuras: una abstracción que no tiene asiento en la mesa de negociación presupuestaria.

La forma correcta de leer la escalera no es, pues, obsesionarse con el nivel actual, sino vigilar el margen que queda antes de la próxima crisis. Cada peldaño desplaza un piso más arriba la línea de salida de la siguiente respuesta de emergencia. Una crisis afrontada con un ratio del cuarenta por ciento no es la misma crisis que una afrontada con el diez.

Ante el próximo peldaño — envejecimiento, bajo crecimiento y la regla fiscal

Nadie sabe cuándo llegará el cuarto peldaño, pero las piernas que habrán de subirlo pesan más que antes. Corea envejece más deprisa que casi cualquier otro país, y el gasto en pensiones y en el seguro de salud crece de forma estructural incluso sin crisis alguna. El descenso del crecimiento potencial frena la expansión del denominador, el PIB, de modo que un déficit del mismo tamaño empuja hoy el ratio hacia arriba más rápido que antes.

El debate sobre la regla fiscal es la respuesta institucional a esa presión estructural. Desde hace varios años se discuten reformas de la Ley de Finanzas Nacionales para fijar techos legales al saldo fiscal de gestión y al ratio de deuda, pero ninguna se ha convertido aún en ley. ¿Habría aplanado la escalera una regla, o solo habría retrasado la respuesta a la crisis? La pregunta sigue abierta. Que los países con reglas activaran sus cláusulas de escape durante la pandemia sugiere, cuando menos, que las reglas no hacen desaparecer la escalera.

Lo que muestra el reloj de WorldRealDebt es el último fotograma de este relato de treinta años: la cifra tal como está en este mismo segundo. Mientras los dígitos avanzan, conviene recordar que su altitud la levantaron tres crisis. Ante el próximo peldaño, la pregunta que hay que llevar consigo no es si la deuda crecerá —crecerá—, sino qué protegeremos con esa deuda creciente.

Fuentes y verificación

Fuentes: estadísticas de deuda pública (base de liquidación) del Ministerio de Economía y Finanzas de Corea, IMF World Economic Outlook y Global Debt Database. Los ratios e importes citados son aproximaciones basadas en las estadísticas oficiales anuales; para las series exactas, consulte la página /methodology/ y las fuentes originales.

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