Corea vs España — Deuda de los hogares / PIB

Una curva que sube y otra que ya bajó — la dirección importa tanto como el nivel.

La deuda de los hogares coreanos ronda el 90 % del PIB —de las más altas de la OCDE y todavía con presión al alza—. España, tras un largo desapalancamiento posterior al estallido de la burbuja inmobiliaria de 2008, ha bajado hasta cerca del 47 % (provisional). El mismo indicador muestra una economía que sube hacia un pico y otra que desciende por la otra ladera de una crisis.

Country / SeriesDebt / GDPHousehold / GDPGDP (T USD)Debt (T USD)Note
Korea90.0%BIS basis (incl. sole proprietors); BoK household credit basis ≈75%. Still rising
Spain47.0%provisional — BIS basis; BdE financial accounts ≈43%. Deleveraging since 2008 peak (~85%)
OECD average60.0%

Cómo se llegó al 47 % español

La deuda de los hogares españoles se sitúa en el 47 % del PIB: por debajo de la media de la OCDE (60 %) y en torno a la mitad del 90 % coreano. Solo con esa cifra, los hogares españoles parecen financieramente sanos. Pero ese nivel es el final de un descenso desde cerca del 85 % anterior a 2008.

Esa caída no fue fruto de que los hogares ahorraran deliberadamente más para amortizar deuda. Estalló una burbuja inmobiliaria, los precios de la vivienda se desplomaron, se depuraron préstamos que ya no podían atenderse y el crédito nuevo quedó cerrado durante años. Buena parte de la reducción estadística de la deuda fue reconocimiento de pérdidas y contracción del crédito, no amortización voluntaria.

El 47 %, por tanto, es menos un indicador de «hogares sanos» que la cicatriz de un ajuste. Un mismo 47 % significa algo completamente distinto según el camino recorrido para llegar hasta él.

Lo que costó ese ajuste

El desapalancamiento español no fue ni corto ni barato. El paro llegó a escalar hasta mediados de la veintena en porcentaje, y el desempleo juvenil fue muy superior. Con la caída de los precios de la vivienda erosionando el patrimonio neto, los hogares recortaron gasto y la demanda interna se estancó durante años.

Mientras bajaba el ratio de deuda de los hogares, el de la deuda pública subió con fuerza. Las cuentas públicas absorbieron el coste de sanear la banca y pagar prestaciones por desempleo. La proposición vista antes —la deuda no desaparece, cambia de libro— se confirma también aquí.

La implicación es clara. Si bajar rápido el ratio de deuda de los hogares se convierte en un fin en sí mismo, el coste total no se reduce salvo que se diseñe además adónde se traslada el coste de ese proceso.

Las opciones que tiene delante Corea

Poner el 90 % coreano junto al 47 % español hace que «hay que bajarlo» parezca la conclusión natural. La cuestión es a qué velocidad y a costa de quién. Un ajuste brusco corre el riesgo de repetir, en versión comprimida, el camino que recorrió España.

La vía relativamente gradual reduce el ratio no encogiendo el saldo de deuda, sino dejando que la renta crezca más deprisa que la deuda. Actúa sobre el denominador y no sobre el numerador; tarda mucho más, pero el coste del ajuste no se concentra en grupos concretos. Eso sí, esta vía solo se sostiene si la acompaña una gestión del crédito nuevo que impida que la deuda siga subiendo mientras tanto.

En cualquier caso, la condición previa es conocer la composición de la deuda. Hipotecas y crédito comercial reaccionan de forma distinta a los choques de tipos y de empleo, de modo que fijar un objetivo solo para el agregado puede dejar intacta la parte realmente peligrosa.

Tres maneras de que baje un ratio

Un ratio de deuda de los hogares puede bajar por tres vías principales. La primera es la amortización: los hogares destinan parte de su renta a reducir el principal. Es la que parece más sana, pero también recorta el consumo y lastra el crecimiento.

La segunda es el reconocimiento de pérdidas. Cuando se depuran préstamos que ya no pueden atenderse, el saldo estadístico baja, pero la pérdida se traslada a las entidades financieras y, en última instancia, a las cuentas públicas. Buena parte del camino español pertenece a esta categoría. Ahí es donde aparecen tramos en los que el indicador mejora mientras la economía empeora.

La tercera es el crecimiento del denominador. Si la renta nominal y el PIB crecen más deprisa que la deuda, el ratio baja aun con el saldo intacto. De las tres, es la de menor coste social, pero la más difícil de lograr en una fase de bajo crecimiento.

Así que, al leer que «el ratio ha bajado», la primera pregunta es cuál de las tres vías ha actuado. Un mismo movimiento del indicador puede señalar estados económicos completamente distintos. Aunque el 47 % español y alguna cifra coreana futura coincidieran, un camino diferente debería llevar a una evaluación diferente.

El orden en que leer esta tabla

Primero, separe el nivel del camino. Si no se sabe de dónde bajó ese 47 %, esa cifra no puede servir de objetivo. Segundo, al leer una variación del ratio de deuda de los hogares, compruebe en paralelo la variación del ratio de deuda pública.

Tercero, compruebe la composición de la deuda (hipotecaria frente a crédito comercial) y el tipo de interés (fijo frente a variable). Cuarto, lea sabiendo que la cifra española es provisional y que la media de la OCDE es el valor central de una distribución muy dispersa.

Quinto, antes de convertir un ratio en objetivo, precise cuál de las tres vías de bajada pretende. Amortización, reconocimiento de pérdidas y crecimiento del denominador exigen instrumentos distintos y cargan a agentes distintos: un objetivo fijado sin elegir vía tiende, en la fase de ejecución, a deslizarse hacia la más costosa.

Takeaway

La cifra baja de España no es «salud», sino la cicatriz de un largo ajuste tras la crisis. Si Corea aspira al 47 % español, debe leer el camino —una contracción del consumo, la vivienda y el crecimiento— junto con el número. Comparar niveles tiene que convertirse en comparar dirección y coste.

Sources: BIS credit statistics, Banco de España, BoK household credit, OECD.stat. Figures provisional.