China vs Japón — Deuda pública

Deuda oculta o deuda neta — ¿qué sombra se cuenta?

La deuda pública de Japón (≈262% del PIB, base FMI) es la más alta del mundo, pero está en su mayoría en manos nacionales y de su propio banco central. La cifra oficial china parece más baja, en torno al 69%, pero la estimación ampliada del FMI —que suma la deuda de los vehículos de financiación local (LGFV)— supera aproximadamente el 112% del PIB (provisional). Un ratio oficial bajo con gran deuda en la sombra choca de frente con un ratio bruto alto pero neto más reducido.

Country / SeriesDebt / GDPHousehold / GDPGDP (T USD)Debt (T USD)Note
China (official gov debt)68.5%2114central + local official debt only
China (IMF augmented, incl. LGFV)112.0%2123provisional — adds local hidden debt (IMF augmented, approx.)
Japan (general gov, gross)262.0%4.091185%+ domestically held; BoJ ≈ half
Japan (net, IMF basis)155.0%4.096.34net of general-gov financial assets

La misma deuda alta, una etapa completamente distinta

La deuda pública bruta de Japón es del 262 % del PIB; la de China, del 58,6 % en la medida oficial pero del 112 % en la base ampliada del FMI. Ambos se clasifican como países muy endeudados, pero la vía por la que se acumuló la deuda y la etapa de desarrollo que ocupan difieren por completo.

La deuda japonesa se formó a lo largo de treinta años tras el estallido de la burbuja de activos de los noventa. Mientras el sector privado se desapalancaba, el Estado cubrió el hueco y sostuvo la demanda agregada. Ser ya una nación acreedora madura —el mayor tenedor mundial de activos exteriores netos— es lo que hizo soportable esa deuda.

La deuda china, en cambio, nació de la expansión inversora en una fase de alto crecimiento. Grandes capitales fueron a infraestructuras y promoción inmobiliaria para sostener las tasas de crecimiento, y esa financiación se acumuló en los balances de los gobiernos locales y sus vehículos. Una deuda asumida en contracción y otra asumida en expansión siguen trayectorias distintas aun con el mismo ratio.

El papel que jugó el inmobiliario en cada país

La experiencia japonesa de los años noventa se convirtió en el caso de manual de cómo la caída de los precios de los activos deriva en un estancamiento prolongado. Al hundirse el valor de las garantías, empresas y hogares se desapalancaron a la vez, y la suma de esa conducta destruyó la demanda. El aumento de la deuda pública fue la respuesta destinada a compensar ese hundimiento.

El ajuste inmobiliario chino se compara a menudo con ese caso, aunque con una diferencia. El control de capitales y una banca estatal dan a China relativamente más margen para modular políticamente el ritmo del ajuste. En cambio, las finanzas locales han dependido mucho de los ingresos por venta de derechos de uso del suelo, de modo que una desaceleración inmobiliaria se traduce de inmediato en menores ingresos locales.

En Japón, pues, la caída de los precios de los activos se propagó por los balances privados; en China el mismo choque se transmite directamente a las finanzas públicas por la vía de los ingresos locales. Por eso, al leer los indicadores de deuda, Japón exige atender al traslado de lo privado a lo público, y China a un cambio en la estructura de ingresos dentro del propio Estado.

Una asimetría en la transparencia estadística

Japón publica deuda bruta y neta, tanto de la Administración central como del conjunto de las públicas, lo que facilita el contraste con los estándares internacionales. La cifra del 262 % podrá ser incómoda, pero el camino hasta ella es público.

China no. Se publica la deuda pública oficial, pero el alcance real del endeudamiento paraestatal, LGFV incluidos, descansa en estimaciones. El 112 % en base ampliada del FMI también es una estimación, y los resultados varían según la institución. Esa incertidumbre forma parte del riesgo.

Por eso la página de comparación cita para China tanto la cifra «oficial» como la «ampliada». Quedarse con una sola induce a error en ambos sentidos: la oficial por sí sola infravalora; la ampliada por sí sola presenta una estimación como hecho consolidado.

La demografía, la variable que ambos comparten

Japón y China tienen estructuras de deuda distintas, pero comparten una variable: una población en edad de trabajar que mengua junto a una población mayor que crece. Japón inició esa transición treinta años antes; China ha entrado en el mismo tramo solo recientemente.

La demografía actúa sobre los indicadores de deuda en dos direcciones. Por el lado del gasto, pensiones y sanidad crecen y la carga fiscal aumenta. Por el lado de los ingresos, la población contribuyente se reduce y la base recaudatoria se adelgaza. También presiona a la baja el crecimiento, denominador del ratio de deuda. Como los tres canales empujan en el mismo sentido, los efectos se acumulan.

Visto así, el 262 % japonés se parece al resultado de un país que ya ha atravesado la transición demográfica, mientras que la cifra actual de China se mide a la entrada de esa misma transición. Leer ambos como una simple comparación en el mismo instante hace desaparecer ese desfase.

El orden en que leer esta tabla

Primero, compruebe qué base se usa: oficial o ampliada para China, bruta o neta para Japón. Según la combinación, la impresión va desde «China 58,6 % frente a Japón 262 %» hasta «China 112 % frente a Japón 155 %».

Segundo, distinga la deuda acumulada en contracción de la acumulada en expansión. Tercero, dada la diferencia de transparencia estadística, lea la cifra china como un rango y la japonesa como un valor. Cuarto, examine en ambos países cómo pesa la demografía sobre las finanzas públicas a largo plazo.

Takeaway

Puestos uno junto al otro, «quién es más arriesgado» no tiene respuesta limpia. En China todo depende de cómo se cuente la deuda local fuera de los libros oficiales; en Japón, de mirar el neto y no el bruto, y de quién la tiene. Un ranking que no fija ninguna definición solo cuenta sombras.

Sources: China MoF final accounts, IMF Fiscal Monitor (augmented debt estimates, provisional), BoJ debt statistics, IMF WEO Apr 2025 (net debt, GDP).